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Pasión, muerte y resurrección en Málaga

Historia de una creación

El comienzo de esta historia nace el 26 de Marzo de 2007 en la Basílica de la Esperanza, cuando se puso en contacto conmigo Carlos Martínez para hablarme de una locura , una ilusión, una creación…

 

_Tengo un proyecto._ Me dijo

_Un proyecto muy ambicioso e interesante, y quiero que tu lo lleves a cabo.

_Quiero que compongas una obra musical para la Semana Santa de Málaga,

Durará mas o menos cincuenta minutos, deberá de ser para banda de música apoyada por guitarra y piano, y se llamará Pasión, muerte y resurrección en Málaga.

 

Me dijo que me lo pensara y que una vez que finalizara la Semana Santa nos reuniéramos más tranquilos para hablar sobre el tema.

 

Le dije que estupendo, que así seria. Pero lo que no le dije fue que en mi cabeza, tiempo atrás, ya se había formado una obsesión muy parecida a la suya.

 

Rápidamente llegó la Semana Santa y como es habitual y para desgracia de los cofrades, más rápidamente pasó. Tiempo el cual me sirvió para ir dándole forma al proyecto, e ir ordenando la lluvia de ideas que suelen aparecer en nuestra semana de pasión.

 

Era por Mayo cuando al amparo del primero de los muchos cafés que vendrían después nos volvimos a ver. En el transcurso de la tarde se concretaron diversos puntos, tales como que la obra giraría en torno a la vida de Jesús de Nazareth, desde el comienzo de la pasión hasta su resurrección, e iría escenificada con fotografías de todos los cristos de las cofradías agrupadas de la semana santa de Málaga.

Esto se dividiría en varios actos, concretamente en siete movimientos musicales enumerados cronológicamente en este orden:

 

 

Primer movimiento (Malagueña): Introducción libre de la obra

 

Segundo movimiento (Jerusalén): Escenifica la entrada gloriosa y triunfal de Jesús de la Pollinica en Jerusalén.

 

Tercer movimiento (Getsemaní): Comprende desde la última cena, pasando por el prendimiento y el posterior juicio, hasta finalizar en la presentación al pueblo judío.

 

Cuarto movimiento (Gólgota): Momento en el que transcurre el camino hacia el calvario. Abarca a todos los nazarenos cargando con la cruz

 

Quinto movimiento (Crucifixión): Representa el momento de la crucifixión hasta poco antes de su muerte, Abarca todos los cristos crucificados aún vivos.

 

Sexto movimiento (Réquiem in pacem): Momento en el que Jesús expira, muere y es sepultado. Abarca todos lo crucificados muertos, así como todas la imágenes hasta llegar al Santo Sepulcro.

 

Séptimo movimiento (Resurrección): Jesús ha resucitado.

 

 

 

Así quedó definida la obra, y como un buen matrimonio bien avenido repartimos responsabilidades. La mía era única y exclusivamente la de darle forma y color a este proyecto en forma de notas musicales, la de Carlos, intentar que no se deformase el mismo, consiguiendo los patrocinadores y la financiación necesaria para llevar a buen puerto este nuevo e ilusionante proyecto en común.

 

Mientras Carlos comenzaba sus andanzas en el terreno financiero, yo lo hacia en el creativo, haciéndome un esquema de los diferentes actos y de las distintas formas musicales que quería emplear. Y sin más preámbulos me puse manos a la obra dándole vida al primer acto, malagueña:

 

Malagueña era el comienzo de la obra, las primeras notas que percibiría el espectador, y me decidí por comenzar recreando un amanecer en Málaga, el comienzo de un nuevo día de una forma tranquila y suave donde poco a poco fueran despertando los instrumentos de la banda así como los sentidos del espectador, invitándolo a pasear por la ciudad, recorriendo sus calles, plazas y monumentos mas emblemáticos.

Como curiosidad y a modo de nota informativa he de comentar al más audaz y entendido de los oyentes, la inclusión de los primeros acordes de de la marcha “ María Santísima del Amparo”, haciéndole así un humilde homenaje a dicha marcha, a la cual le tengo un especial cariño, y así también me sirviera para dar paso al segundo acto,

 

Jerusalén sería la overtura, la entrada del Mesías radiante, lleno de luz y triunfal.

Se me antojaba un Jerusalén alegre, entregado y jubiloso, con sus gentes portando ramas de palma y decenas de niños correteando y jugando alegremente por las calles, ajenos al fatal desenlace que posteriormente tendría aquel hombre.

Usé las trompetas a modo de fanfarria para anunciar la llegada del Mesías, y en el posterior desarrollo de la obra, jugué como los niños, con melodías alegres e inocentes, intentando reflejar un cierto optimismo y desenfado que acentué en su parte final apoyándome en campanas de gloria.

 

Sin darme cuenta y probablemente preso de mi propio entusiasmo, ya tenía compuestos los dos primeros actos de la obra, el primer núcleo de los tres en los que subdividí los siete actos, y con la moral intacta y algo más arriba de las nubes comencé el tercer acto.

Getsemaní.

 

Aquí comenzaba el segundo bloque de la obra o núcleo central.

Es donde la historia comienza a tornarse si no dramática, si un poco inquietante por los muchos acontecimientos sucedidos, abarcando desde la última cena y posterior prendimiento en el huerto de los olivos, hasta el juicio y la ya conocida por todos sentencia a muerte.

Antes de sentarme al piano y buscar la hasta ahora complicidad existente con el mismo decidí tomarme un respiro, y buscar información en algunas lecturas y pasajes bíblicos, tratando en cierto modo de encontrar la documentación (que no la inspiración) necesaria para abordar el tema, ya que en lo referente a la inspiracion es algo de lo que hasta la fecha no estoy muy seguro de que pueda ser encontrado.

Las variadas lecturas me condujeron a sacar un esquema mucho mas claro del que yo tenía preconcebido y asigné el timbre dulce y melodioso del corno inglés a la voz interior de Jesús, tanto en la soledad del huerto de los olivos, como en posteriores situaciones donde requería ser escuchada esa voz interior dialogante.

 

 

Personalmente, el pasaje de la oración en el huerto me parece uno de los momentos más dramáticos y sobrecogedores de esta historia, cuando Jesús es traicionado y descubre el desenlace que tendrá su vida sin poder hacer nada para impedirlo.

Una vez resuelto el enfoque musical de la voz interior de Jesús, el resto del tercer acto me resultó relativamente cómodo de componer, y de una gran fluidez.

Conforme avanzaba la obra fui oscureciendo la música con repeticiones a modo de bucle y algunos acordes más complejos, intentando crear una atmósfera de tensión ante la inminente llegada de los soldados, que poco después aparecerían en escena a ritmo de marcha para apresarlo y conducirlo ante Pilatos.

En la parte final, una vez conocida la sentencia, volví a apagar la música tratando de restarle importancia y no exaltar las continuas burlas y vejaciones de los romanos, para llegar a los compases finales y resaltar con fuerza toda la indignación del gentío cuando fue presentado al pueblo (Hecce Homo).

 

Ya estaba bien entrado el mes de Julio y tenía compuestos los tres primeros actos de la obra. Sentía la necesidad de mostrar el trabajo echo hasta la fecha y recibir críticas y opiniones, y como no podía ser de otra manera recibir buenos consejos sobre el enfoque musical, una de mis mayores preocupaciones.

Decidí mostrar el trabajo a dos buenos amigos, norte en todas mis composiciones. Francisco Vallejo, director de la banda municipal de Málaga y por suerte para mi “tutor” en cierto modo de esta obra, y a Juan Carlos Díaz Campello, director de la banda del Paso y la Esperanza, y juez y parte de la obra por ser dicha banda la que llevaría a cabo el estreno.

Mientras tanto Carlos Martínez, constante e ilusionado continuaba sus labores de producción, y ya había iniciado varios contactos con diversas empresas, además de con varias personas que se encargarían de la parte artística.

Por mi parte, viendo el buen ritmo creativo de la obra y entrados en el mes de Agosto, decidí parar un tiempo, ya que en Agosto hasta Dios esta de vacaciones, para volver a retomar la creación a principios de Septiembre con energías renovadas.

 

Una vez pasado el mes de Agosto con su feria, calor y playas comencé a escribir el cuarto acto “Gólgota”, Para el cual me aislé en una casita en uno de los pueblos mas bellos que puedan existir, Nerja, tratando de buscar un poco de tranquilidad e imponiéndome una autodisciplina con un buen ritmo de trabajo conseguí terminar el cuarto, quinto y sexto acto.

 

El cuarto acto estaba dedicado a los nazarenos en su camino hacia el Calvario, y lo comencé con un cántico, una plegaria, una oración en forma de homenaje a Jesús, como no podía ser de otra forma a Jesús Nazareno del Paso.

Después de este homenaje músico-vocal había que desarrollar la sufrida y agónica andadura de Jesús hasta su lecho de muerte, y es aquí donde opté por alejarme un poco de lo convencional, del ritmo lento, cadencioso y pausado de las marchas procesionales que a priori podría describir mejor este acto, y arriesgué dándole forma al tema con un compás escrito en cinco por cuatro cargado de ritmo en las percusiones y una fuerte instrumentación, intentando transmitir la fuerza, decisión y valor mostrados por Jesús en su infatigable andadura hacia el “Gólgota”.

 

Una vez llegado a la cima del monte calvario y casi de forma inminente, había que escribir crucifixión, último acto de los tres en que consistía el núcleo central.

En este acto había una imagen continua rondándome la cabeza, una imagen un tanto distorsionada pero clara a la vez. Era la imagen del rostro de Jesús ya postrado en la cruz, sereno, dialogante y con una calma ajena a lo terrenal, a pesar del sufrimiento por el castigo recibido

Volví a recurrir al corno inglés para resaltar esa voz interior tan pacificadora.

Me resultaba extremadamente sobrecogedor la sensación de soledad que podría sentir en la cruz, a pesar de estar escoltado por los dos ladrones y por la multitud de un pueblo a sus pies.

Una soledad llevada a cabo por el corno, pero esta vez respondida por el resto del metal y la madera estableciendo así el dialogo postre a la muerte.

 

Quedan pocos minutos para que todo termine, todo se apague y se consuma, cumpliéndose así las santas escrituras.

El corazón, motor de la vida se debilita y poco a poco se apaga, se cristalizan las pupilas.

Una última bocanada de aire, un último grito mezcla de llanto, dolor y desesperación, un último gesto…todo se ha cumplido….Réquiem in Pacen.

El réquiem es un cántico litúrgico, una oración musical a los difuntos, llena de tristeza y dolor.

En un principio no tenía muy claro si afrontar el sexto movimiento “Réquiescat in Pacen” con una marcha fúnebre o de una forma más intima, ejecutada por un solo instrumento.

La idea de la marcha fúnebre me parecía muy solemne e interesante, además de ser un terreno en el cual me había desenvuelto en anteriores ocasiones. Pero poco antes de comenzar a escribir y casi sin querer surgió una melodía en el piano, la cual me cautivó desde el primer momento y vi claramente que se ajustaba muy bien a mis necesidades de expresar el dolor de la muerte.

La dejé desnuda, sin muchas complicaciones armónicas y menos instrumentación, intentando animar al oyente a un posible ejercicio de meditación.

Aquí me gustaría hacer un último inciso musical:

En mi opinión, la expiración es el momento más sobrecogedor e impactante de la pasión de Cristo, y musicalmente esta tratado con un efecto muy cinematográfico.

El timbal en su registro más grave seria los latidos del corazón y la banda en total disonancia pasaría a ser el último grito, donde rugiera cielo y tierra y dar paso así al ya mencionado réquiem.

 

Tal y como me planteé, era Octubre y ya tenía casi compuesta la totalidad de la obra, a falta del último movimiento, para el cual antes de afrontarlo quería disponer de tiempo para digerir y repasar posibles errores de los anteriores movimientos escritos.

 

Nuevamente puse la obra en tela de juicio, ante ese tribunal esperanzador y reconfortante de amigos, pero a su vez no menos imparcial que cualquier otro.

El “tutor” de la obra dio su conformidad aportando nuevas ideas y el director de la banda, persona esencial en todas mis composiciones se llevó las partituras para ir matizándolas, copiándolas y pasándolas a limpio, ya que es un experto copista y un virtuoso del software en edición de partituras.

 

Mientras tanto, llegaron nuevas reuniones con Carlos Martínez. Se cerró el lugar y fecha del estreno de la obra, así como las diferentes colaboraciones artísticas.

Se presentó la obra a la junta de gobierno de la Archicofradía de la Esperanza y se cerraron acuerdos con los diversos patrocinadores de la obra.

 

La banda comenzaba sus primeros ensayos, y yo por mi parte, antes de que se me echara el tiempo encima comenzaba el séptimo movimiento.

Resurrección, era el último movimiento, donde el camino llegaba a su fin.

Aquí no había dudas, y quise hacer mi particular homenaje a la marcha procesional, y a todos los cofrades y amantes de la Semana Santa.

Intentando ser fiel a mis principios, se me antojaba una marcha gloriosa, triunfal, llena de fuerza de principio a fin, y como colofón en su parte final intenté que fuese apoteósica, cerrando al fin esta ilusionante aventura creativa, este acercamiento musical cargado de emociones y sensaciones a flor de piel, este paseo por la PASION MUERTE Y RESURRECION de Jesús…….y como no podía ser de otra forma, ni en mejor lugar……….. EN MALAGA.

 

Amigos, esto es todo lo que he podido dar, no se si es mucho o poco, esa es la parte del trabajo en la que entras tu, completando así este proyecto.

A fecha de hoy la banda de la Esperanza continúa con sus ensayos, ilusionada en poder dar lo mejor de si misma.

Y un servidor con el enorme deseo de que este nuevo proyecto les pueda entretener, que no convencer, y que lo disfruten tanto como yo disfruté componiéndolo.

 

 

 

José Antonio Molero Luque.